Secretos de Familia

Secretos de familia

“Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto que no haya de saberse. Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas a la luz se oirá, y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas”. Lucas 12

La película “El guardián de la memoria” narra una historia tan espeluznante como repetida a lo largo de generaciones: secretos personales guardados que se transforman en secretos de familia y terminan dañando severamente a generaciones; porque así como el amor tiene un efecto multiplicador de luz y buenos frutos también lo escondido trae oscuridad que se propaga y se enquista.

“Todos tenemos secretos guardados Edith, por eso es tan importante lo que señalaste” me dijo una persona hace un tiempo luego que yo hablara  a los jóvenes sobre la importancia de “romper el silencio” como NO casualmente se llaman mis casillas de mail.  Tener secretos es lo normal para la inmensa mayoría y todo tipo de argumentos se esgrimen para seguirlos resguardando como los  enunciados debajo. Esto “normal” se traduce en verdaderas tradiciones erradas que las personas se acostumbran a ejercer desde pequeñas, sin preguntarse demasiado sobre su origen o veracidad.

Las excusas para seguir manteniendo secretos quieren evitar males mayores, sin embargo es mayor el daño producido al guardar que al revelar. El secreto siempre traerá daño colateral y en la mayoría de los casos la posibilidad de quiebre en la relación irá en directa proporción a la cantidad de tiempo que se ha guardado el secreto. Veamos los argumentos más comunes para excusar el secreto:

“No hablo para no lastimar”.  Se lastima más guardando que hablando. Si uno habla apenas la situación ocurra sólo tendremos el impacto inicial, si la guardamos tendremos el secreto más las mentiras que hemos ido enhebrando para seguir ocultando, y la mentira se percibe como traición.

“No hablo para que no me deje”. Si una persona no puede vivir con tu verdad, menos podrá vivir con las mentiras del otro.

“No hablo para no ofender”. La ofensa es algo dónde participa más el que la recibe y decide ofenderse que el que ofende. La verdad puede ofender pero es lo único que libera por lo tanto es lo único que deberíamos sostener, y mientras la decimos tenemos que estar preparados para la ofensa que provocará en el otro y permitirle expresar su dolor.  No abrazar la ofensa es nuestra diaria responsabilidad igual que el perdón. “Fieles son las heridas del amigo pero engañosos los besos del enemigo” cita Proverbios 27.6.

“No hablo porque estoy enojado, o por el enojo que traerá al otro” . La biblia dice  que podemos enojarnos, y que el pecado consiste en guardar el enojo ( porque esa es la correcta traducción de “no se ponga el sol sobre vuestro enojo” y no algo físico que tenga que ver con el ciclo solar). El enojo se resuelve entonces confesando.

“No confieso porque no tengo nadie de confianza”. La confesión es una decisión personal de obediencia a lo que Dios nos ha ordenado, y poco tiene que ver con lo que haga quien lo reciba. La confesión nos limpia por obediencia, no por la actitud del otro. Es claro que para preservar la privacidad es conveniente entregarla a personas maduras, sin embargo cuando el secreto es familiar o entre el matrimonio es imprescindible confesarlo a aquellos que se ha dañado al guardarlo, independientemente de las reacciones que tengan.

Las mentiras, engaños y secretos de familia han amparado todo tipo de heridas y males a lo largo de la historia, y el lamentable legado pasa de generación a generación con la única resistencia reconocida de que algunos deciden huir del legado, convencidos de poder empezar de nuevo lejos… Pero nadie puede ocultarse ni de sí mismo, ni de su historia, ni de Dios. La historia velada viaja de alguna manera en las valijas del alma y se replica inconscientemente en acciones oscuras, dejando preguntas angustiantes y una cierta sensación de estar librados a un azar oscuro.

Y eso es cierto. Mientras no enfrentemos y demos a luz lo guardado no comenzará ningún tipo de sanidad. Porque toda sanidad es atributo de Dios, y  en Él no puede hallarse ninguna oscuridad (“Dios es luz y no hay ninguna tiniebla en Él” 1de Juan 1:5). Como hemos reflexionado a lo largo de los años todo lo guardado está en oscuridad, hay que abrir  entonces los cajones sin miedo, desempolvar las fotografías olvidadas y atreverse a mirarlas a la luz  confrontando lo que sentimos para que comprendamos que no es la misma óptica la de la luz revelando la verdad que la de la oscuridad mostrando su engañosa pátina de polvo y moho.

Crecer implica hacernos responsables de lo que asumimos, y esto es así cada día de nuestra vida. Lo que no asumimos ayer deberemos enfrentarlo hoy si queremos cerrar el capítulo y sólo entonces el pasado puede ser adquirido como experiencia y deja de ser inconsciente que nos manipula a su antojo. “Hasta que lo inconsciente se haga consciente, el subconsciente seguirá dirigiendo tu vida y tú lo llamarás destino…”  C.G. Jung

Dar a luz los secretos, y  todo eso tan guardado trae un efecto sanador que se maximiza al infinito en comparación a lo enfermo de lo escondido, que es mezquino salvo en lo que toca a su rápida reproducción en quistes malignos. Hablar los secretos de familia, buscar de ex profeso ámbitos y momentos para traer luz sobre lo guardado, traerá no solo restauración sino que ocurrirá un sano ejercicio de acostumbrarse a hablar de todo que Dios mediante se transformará en un hábito. Las mejores relaciones interpersonales están basadas en su habilidad para comunicar todo el tiempo la verdad y ser capaces de sostenerla.  Tienen un auténtico compromiso con la verdad.

Por el contrario sostener los secretos daña generaciones. Algún esposo esconde del otro un adulterio o un desfalco, un padre oculta un delito o un abuso; y los herederos algún día descubren el legado maximizado por el polvo y las mentiras, y se siente como una traición. Hasta que las personas no seamos capaces de sentarnos con el otro y hablar de lo pasado, asumir responsabilidades y procurar reparar  y redimir todo lo posible no veremos la Gracia de Dios cubriendo todo aquello que nosotros no logramos salvar acerca de lo ocurrido. Entonces nuestras generaciones podrán crecer en la libertad de la verdad.

“Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”. Juan 8.32.

“Confesaos vuestras ofensas unos a otros y orad unos por otros, para que seáis sanados”. Santiago 5.16

Texto: Edith Gero

Imagen: The Art Thief

 

 

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El cielo es real

“¿El cielo es una esperanza, o es tan real como la tierra?”.

Muchas personas dicen creer en Dios y la existencia del cielo, pero a la hora de ser confrontadas con tal realidad se muestran incrédulas; buscando explicaciones científicas para tales visiones, o intentando ocultarlas para que no molesten las relaciones con la sociedad que los tildaría de estar enloqueciendo.

Mi fe se vio confrontada en esta película basada en la historial real de Colton Burpo, y pensé que creemos en Dios pero no le creemos a Dios ( la Biblia relata claramente sobre el Cielo). Cuando la fe puede trascender lo natural y tocar lo sobrenatural el maravilloso e inagotable poder de Dios entra en escena. “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” Hebreos 11:1.

Para los que perdieron a alguien muy amado, o se enfrentan a la muerte esta película les dará esperanza y cambiará para bien su forma de ver la eternidad. Si eres creyente tus convicciones serán confrontadas a fin de que puedas crecer en ellas. Finalmente si eres ateo esta película  te proporcionará un espacio para repensar tus convicciones.

El ser humano es demasiado dado a la comodidad de su pequeña caja de creencias dónde todo está etiquetado y archivado: Jesús es el hombre oscuro y sufriente colgado de una cruz y el cielo “un invento para meter ideas subliminales y poder manipular a las personas”. Encontrarse con un Jesús triunfante y maravillosamente vivo, más otras sorpresas que te develará la película  no es algo fácil de aceptar. Conmueve las ideas, rompe la tradición, confronta, quebranta…

 “ Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente” Juan 20:27.

No puedes perderte esta película, te dejo con ella:

Opción 1: Link para ver la película en HD (haga click en el enlace y utilize la pantalla de abajo titulada “opción 1”, ignore la principal que es propaganda.

Opción 2:http://www.peliculasonlineflv.net/pelicula/el-cielo-es-real-2014-subtitulada/#tab980

Opción 3:http://gnula.nu/drama/ver-heaven-is-for-real-2014-online/

 

Visitanos en Bahía Esperanza.com.

Casilla de Consejería cristiana y ayuda emocional on-line: rompeelsilencio2@yahoo.com.ar

Estamos hablando sobre el perdón en nuestra Bitácora.

 

Villa la Angostura -by Adrian Matuz-

Vuelos de esperanza

La víspera de mi cumpleaños  despertó con una llovizna pequeña y callada mojando despacio la tierra reseca que me movió a varios pensamientos: El primero es que contra toda tormenta y sobre todo día gris y problemático, en mi interior solo hay agradecimiento y esperanza. No podrán las nubes negras contra la “esperanza contra esperanza” en la que espera mi alma; aún si no hubiere razón para tal esperanza, mi corazón sigue confiando en el Autor de la esperanza.

El segundo pensamiento rota en torno a que quisiera que mi vida se parezca cada vez más a esta llovizna, callada salvo cuando las circunstancias me obligan a hablar, y pequeña recordando cada vez más a Aquel que siendo grande se hizo pequeño por amor (haciendo la salvedad que yo siendo pequeña y no grande por naturaleza, intento serlo más aún). Menguar para que otros crezcan.

El tercer pensamiento no es para mí, sino en todo por lo que tengo que estar agradecida: por la Gracia que me prolongó inmerecidamente la vida, por el cariño de tantos con el que fui rodeada, por los miles que me abrieron sus vidas y me confiaron el intentar  ayudar a repararlas, por la familia que crece cada vez más como un árbol frondoso bajo cuya sombra y verdor otros anhelan cobijarse y disfrutar. Por el poder multiplicador del amor y la bondad que se entrega con sacrificio y vuelve potenciada sin límites, dándonos al final tanto más de lo entregado. Por cada hoja y cada cielo que me recuerdan el amor eterno de mi Creador. Por el privilegio de ver año tras año las caras de los que amo, llorar sus penas con ellos y reír sus alegrías. Por la salvación tan grande que me fue regalada de pura misericordia. Por las noches que nunca triunfan sobre el brillante sol que siempre vuelve a entibiar el alma. Por los niños y los ancianos que nos recuerdan el paso del tiempo. Por la fuerza arrolladora de la juventud. Por la capacidad de llorar por los que ya no están, porque eso indica que fueron muy amados. Por las tormentas que permiten el crecimiento, los vientos violentos que arrancan las obras muertas y los atardeceres de calma total sobre el lago que renuevan las fuerzas y la alegría. Por Bahía Esperanza, el sueño que Dios plantó en mi alma y que  tal vez me ha dado a mí mucho más abrigo y esperanza  de la que todos los que visitaron sus aguas.

Con un enorme gracias a todos ustedes, mis queridos lectores que con ganas empecinadas dan cada día lo mejor de sí y luchan por ver un mundo y un tiempo mejor, los dejo con una pequeña reflexión de esperanza.

VUELO DEL ALMA

Cuando el camino se hace cuesta arriba, NO LO DEJES.
Cuando las cosas andan mal como a veces sucede NO ABANDONES.
Cuando no consigas resultados, y se sumen los problemas, NO TE RINDAS.
Cuando quieras sonreír y sólo puedas suspirar NO TE CAIGAS.
Cuando la suerte, te sea adversa, y no encuentres fuerzas para seguir NO RENUNCIES.
Cuando no encuentres compañeros de lucha, NO TE APURES.
¡Hay manos que sostienen las tuyas!
Cree y siente en cada minuto de tu vida, deja que tu alma ” vuele libre ” por los jardines hermosos de la confianza en algo superior que llega dónde nuestra visión no puede alcanzar, pero sí nuestro corazón puede sentir.

¡Tu alma desea estar libre para darte fuerza y estímulo!

¡INTENTA!

Cierra los ojos por algunos minutos y deja tus pensamientos volar por sitios de amor.
No podemos cambiar el mundo, ni quitar todo el dolor de la tierra, ni tener ya resueltos todos nuestros problemas, pero podemos a cada minuto mirar con ojos del amor a cada cosa.
Si pensamos que todo es pasajero, miraremos con cariño lo negativo que te encamina a la elevación y perfección, y luego observaremos con felicidad el cambio del mal en bien, de tristezas en alegrías.

Lo que hoy nos hace sonreír fueron las cosas que nos hicieron llorar ayer.

Nuestras faltas de hoy también son las alegrías de mañana.

Las personas se van, los amores se pierden en el tiempo, los problemas se solucionan, hasta el mismo sol se va cada noche para renacer al día siguiente… no te quedes en el medio del camino
porque allá… ¡algo te espera !.
Texto: Edith Gero. “Vuelos del alma”: autor desconocido.
Imagen: Villa la Angostura por Adrian Matuz/vía Ruta0.com

Invisible

Invisible

 

-¡Es que me  molesta  que me traten como si yo no existiera!

Días  atrás mis propias palabras dichas a un amigo  me llevaron a recordar el vídeo que  está al pie de la reflexión. Y me llevaron a pensar que aunque es doloroso  ser tratados como  invisibles; la base sobre la que cimentamos nuestra estima personal no puede estar en ello.

El no ser considerado, visto ni recordado  está íntimamente ligado a la sensación del rechazo e influye directamente en lo que pensamos de nosotros mismos.  El valor  que nos damos estará relacionado entonces a la fuente de engaño o verdad  del paradigma (o base) con el que medimos nuestro valor.
El mundo nos ha enseñado  el gran engaño de creer que somos  por lo que hacemos. Ssi hacemos mucho  y sobresalimos mucho…¡somos  mucho!.  Pero si somos anónimos, no sobresalimos y tampoco producimos demasiado; no existimos.

En este punto es que volvemos al hecho de que tenemos dos identidades y dos escalas posibles para medir valores personales. Una dada por un mundo competitivo donde nuestro ego debe crecer, sobresalir y figurar para valer. Y alejada de esto  está la identidad de ser hijos de Dios  con un valor perfecto y amoroso que solo puede ser descubierto en Cristo, mediante Él.  Esto nos enseñó Juan: que fuimos creados por Él y para Él; por tanto nuestra identidad real está en Él.

¿Otro ADN  adquirible espiritualmente? ¿ Otra identidad? ¿Otro valor?.
Sí.

La gente que Dios ha usado y seleccionado a lo largo de la historia fueron miles de “héroes” anónimos. Que en su mayoría pagaron en silencio las penurias de seguir a Cristo y andar bajo Su Luz.  Gente que ha aprendido a morir a sí mismos para que lo perfecto pueda pasar por lo imperfecto. Solo canales. Transportadores de Su Gracia, amor y perdón.
Es solo en ese punto dónde  nuestro orgullo puede situarse en el lugar correcto, no el de querer sobresalir,  sino el de estar orgulloso ¡de no figurar!.

Que extraño esto de morir para dar fruto… Que extraño desaparecer para que Dios se muestre en nosotros. Pero así es Dios, que hace “Su obra, Su extraña obra, Su operación, Su extraña operación” (Isaías 28.21)
Cuando yo inicié este trabajo, nadie le dio valor a lo que hacia por años. Pero yo creí en lo que Dios depositó en mí. Me capacité y rechacé muchas tareas donde podría haber sobresalido y ser una persona visible, para elegir una labor a la que sentí que Dios mismo me llamaba: trabajar anonimamente con miles de personas también anónimas. Llevando esperanza, herramientas y aliento para seguir.  Hoy no deseo que se me quite mi bajo perfil. Y me ocupo conscientemente de ahogar mis propios brotes de querer sobresalir..

Diariamente la gente llega a mí  gritando en sus palabras “Nos sentimos sin valor, invisibles”…
Hubo un tiempo, donde yo  estuve así. Lo sé. Lo viví. Hubo un momento cuando mi matrimonio terminó,  dónde yo me encontré separada de todo y todos. No había valor en mí y no podía encontrarlo tampoco.  Fue mi tiempo del valle de las sombras, que como todos sabemos se cruza solo. Como parte del plan de restauración iba a sanar y sacar a luz mi pasado y esto es lo que veía:  Una vida de fracasos,  violencia, muerte, enfermedad y deudas  astronómicas.  Mi juventud se había ido. Estaba severamente enferma. Todo se había vendido . Mis relaciones interpersonales habían sido cortadas. Tres de mis hijos ya no estaban y los tres que quedaban eran solo unos adolescentes asustados y destruidos. No había terminado mi carrera. Los hombres de mi vida, aquellos donde busqué y busqué el amor real me habían abandonado a mi suerte. No terminé con mi vida porque temía más a Dios y Su ira que al desastre que era mi vida.

Vista desde un análisis frío, yo no tenía ninguna posibilidad de volver mi vida hacia algo bueno, cero posibilidad de éxito.
Entonces, a la fuerza, como una urgente e impostergable opción de vida o muerte, decidí apropiarme de mi identidad en Cristo.  Y aprendí a morir a toda esa identidad fallada  para tomar la que el Señor me ofrecía. Y dejando todas las heridas que las fallas y la deslealtad humana me ofrecieron, corrí al abrazo del Padre.

En El, me encontré. Encontré mi nombre, mi identidad, mi valor.
Estamos seguros en los brazos eternamente amorosos de Dios. El nunca nos fallará.  Desde ese lugar  no importa nuestro anonimato, nos sabemos amados por siempre.

Sé que es complicado entender esto de las dos identidades, pero mi historia dice que se puede.
Se puede ser un contra-la-corriente de este mundo que te dice que practicando el positivismo, el control mental, sobresaliendo y alcanzando tus metas, eres alguien.  Yo probé todo eso, y mis escasos minutos de gloria no me ayudaron en como pensar bien de mi misma y de mi historia. Tampoco veo que hayan ayudado mucho a miles cuyas vidas destrozadas no soportan el más mínimo positivismo.

La Gracia de Dios es experta en tomar vasos de barro y convertirlos en vasos de honra. Vidas sin valor cambiadas en vidas con propósito.  Vidas saludablemente…¡invisibles!

“Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y Yo te amé; daré pues hombres por tí y naciones por tu vida. No temas, porque Yo estoy contigo”  Isaias 43

Texto: Edith Gero

Mira el video “la mujer invisible”

La trampa del pensamiento positivo

Sonríe o muere, la trampa del pensamiento positivo

 “El pensamiento positivo convierte a Jesús en el botones celestial, que pone a Dios a nuestra disposición con sólo pulsar el botón de la oración en el momento de necesidad. Esto es magia, no cristianismo.”

La escritora norteamericana Barbara Ehrenreich, advierte en su nuevo libro, Sonríe o muere  (Turner, 2011), sobre “la trampa del pensamiento positivo”. La autora observa cómo esta seudoideología, nacida en Estados Unidos, no sólo se ha confundido con la fe, sino que se presenta falsamente como la solución a la crisis y a la enfermedad. En su optimismo irredento, algunos pretenden que no falla el sistema, sino la actitud de cada uno. Por eso prefieren ver el desempleo como una ocasión de superación personal, o invitan incluso a dar la bienvenida al cáncer como una oportunidad de dar un giro a la vida. Pero ¿qué tiene que ver este positivismo con la fe cristiana? Sigue leyendo

Entre realidad y fantasía

Entre realidad y fantasía

Una de las definiciones acerca de estar mentalmente  sano nos dice que:  es tener la capacidad de entender y vivir la realidad diferenciándola de la fantasía. En el otro extremo  una persona comienza a enloquecer cuando  de tanto apegarse a una fantasía termina por volverla su mundo, para alejarse del mundo real y vivir en ese mundo ideal inventado. Sigue leyendo

Renunciar o pelear

Renunciar o pelear

Solemos  ser tan radicales que no reconocemos ni buscamos términos medios; vamos de un extremo a otro olvidando que si bien  algunas decisiones  pasarán por elegir blanco o negro, en el común de los días habrá una amplia gana de  tonalidades grises por examinar.

Avanzar hacia un equilibrio consciente  entre los claroscuros y los intermedios nos dará un punto de objetividad al menos para saber cuándo ir al extremo y cuando no.

Las relaciones interpersonales y las decisiones diarias que conllevan fluctúan cada día entre renunciar o pelear.  La mayoría pasa de uno a otro como si no hubiera alternativa,  como con rabia y una cierta sensación de merecer algo diferente.  Y también la mayoría se equivoca en el balance y elección entre dejar ir y retener.

Es fácil y demasiado superficial decir ‘renuncia y listo, búscate otra cosa” pero eso no es haber crecido por dentro, ni siquiera es examinar las reglas eternas de Dios.  Porque cada vez que se abandona algo, se pierde todo lo plantado en ello y volver a comenzar es volver a necesitar tiempo y fuerzas para lo nuevo.  Si siempre vivo “abandonando” cosecharé solamente abandono.  Ciertas expresiones como “si se quiere ir que se vaya yo no pienso cambiar” o “si no te gusta  ándate y listo, no me importa” denotan una  gran inmadurez e inseguridad. Grábate por favor esto: “Nadie siembra para dejarle la cosecha a otro”. Si tú siembras en algo pelearás por lo sembrado y por la cosecha.

Por supuesto, hasta un punto. Y acerca de eso justamente te invito a ahondar.

Hay relaciones que no vale la pena mantener, y en ellas NO es sabio ni sano permanecer luchando. Las relaciones enfermas, violentas, abusivas o dónde impera la traición o engaño hace tiempo que de hecho han producido su propio boicot y es sano blanquear tales situaciones y ponerles un alto. Y aquí hago un aparte, si la relación se ha quebrado por mentiras, abusos, indiferencia, falta de cuidado, etc; y la persona que lo detecta sigue en ella, terminará tan enferma mental y almaticamente como la relación.  Las relaciones no cambian “porque sí” y menos con el tiempo.  Una relación enferma  sólo tendrá oportunidad de cambio si se empieza por confrontar lo que ocurre y llevarlo a luz.

Pero; si la relación vale, a veces es necesario empeñar la vida luchando por ella. ¿La vida?  Sí, hasta la vida, porque el amor es así,  hasta la vida da por el otro.  Y si uno no está dispuesto a arriesgarlo todo por lo que ama, no ama, es así de fácil. Y relacionarse sin amor es perder el tiempo.  El amor es la ley del Universo, funcionar sin él es estar a contramano con la vida.

Imagínate a tu hijo, imagina cuidarlo sin amarlo, ¿sería posible? ¿Crecería bien el niño? No, lo amas, peleas por él y si alguien intenta dañarlo pondrás tu vida de por medio. Pero…. Cuando llegue a su adolescencia o aún antes, tendrás que renunciar y dejarlo tomar su camino. Si me vas siguiendo  tal vez ya estés analizando que en una misma relación pueden darse ambos tiempos: el de pelear y el de soltar. Hay relaciones por las que vale la pena jugarse y esforzarse, pero nadie logra detener a aquel  cuyo corazón ya se ha ido.

El punto de inflexión entre pelear por algo y renunciar ocurre en cada conflicto humano.  Algunos intentan “retener” al otro como si el amor pudiera atarse a un poste, y otros evidencian rápido el poco amor dejando ir al otro sin mayor aplicación a intentar solucionar el conflicto.  Los extremos en esto suelen ser peligrosos y pueden enfermar más la relación y a las personas involucradas:  querer detener al que quiere irse es no respetar su límites y hacerlo a través de amenazas o extorsión emocional evidencia  un serio problema interno,  en la otra punta dejar ir sin esfuerzo lo que amas demuestra que nunca amaste en serio ni tomas demasiado en cuenta tu propia siembra.

Creo que el punto  de equilibrio de todas estas situaciones es la renuncia. Ahora, la renuncia bíblica no tiene nada que ver con abandonar la batalla, por el contrario creo que renunciar es la mejor arma que empleamos en zanjar la situación porque renunciar implica reconocer la pequeñez humana de nuestro esfuerzo y rendir la situación ante Dios, entonces, sabremos que lo que ocurra, para bien o mal de lo que buscamos, será lo que Dios haya dispuesto  y será lo mejor para nosotros.  La renuncia bíblica no es abandonar, porque puede practicarse  aún sin terminar una relación y no significa que abandonemos los cambios necesarios para mejorar o lograr revertir un fracaso. Renunciar significa quitar el ídolo del corazón, darle el primer lugar a Dios de nuevo y permitir que Él pelee nuestras batallas.

Renunciar es entonces rendirnos a la Voluntad Superior, y permitir que el Mayor pelee nuestras batallas menores.

Abraham había orado toda su vida por ese hijo que Dios le concedió en su vejez, era su tesoro. Tal vez Dios quiso probar si el mandamiento mayor estaba en el corazón de Abraham, tal vez quería ver  quién estaba primero en lo más íntimo de su criatura. Entonces le pidió a su hijo.

No vaciló Abraham en llevar a su tesoro al monte ni en disponerlo para ser sacrificado. La renuncia del padre de la fe fue un ejemplo para todos nosotros, estudiantes ávidos de tal entrega. El patriarca conocía  a su Dios y frente a Él rindió lo que más amaba, sabiendo que  perdiéndolo o recuperándolo,  estaba en las mejores manos.

Cuando cada uno de nosotros se enfrenta a diario con elecciones difíciles entre cuándo soltar y hasta cuándo seguir batallando por algo, lo primero por hacer es ponerse de rodillas evidenciando esa actitud interior de rendición y soltar el lazo con eso que tal vez hemos amado o buscado toda la vida a través de la renuncia.  Como  caballeros que reconocen su posición rendimos nuestra espada de rodillas, porque sabemos ante Quién dejamos el resultado de la batalla.

Seguramente sigue la sensación del enorme vacío de haber dejado nuestra espada, ya no hay con que pelear, ya no hay con que sembrar. Ese vacío de ausencias físicas debe ser llenado con lo único que  nos nutre y prepara  para seguir: la palabra de Dios y una relación renovada con el Creador. Por regla general nunca debe dejarse un  lugar vacío para que no se llene de desperdicios y eso es lo que la renuncia hace: vacía, cede el control legal de lo que renunciamos;  así que elegiremos llenar ese espacio de cambios que las leyes eternas de Dios irán introduciendo en nosotros al ser palabra viva.  Paralelamente a esto y mientras esperamos el resultado de la batalla que hemos rendido, podemos tomar acciones consistentes de cuidado, atención y  cariño hacia lo que hemos perdido o  deseamos recuperar. Libres ahora interiormente luego de haber soltado, podemos todavía elegir trabajar por recuperar pero en una posición respetuosa y expectante de como Dios vaya moviendo los tiempos y formas, y también en total respeto a las decisiones de los demás involucrados. Para toda relación humana se precisan dos, y dos que deben querer ir en la misma dirección; no bastará por tanto los esfuerzos sin fin de uno solo si el otro no desea continuar. Aquí también podemos lograr un punto de equilibrio si nos esforzamos por un tiempo y luego si vemos que los resultados no son los esperados podemos plantearnos no seguir adelante sintiendo paz porque habremos hecho todo lo posible.

No hay reglas entre uno y otro punto,  pero si el principio de la sabiduría es el respeto a Dios; podemos indagar y buscar más de Él para encontrar la sabiduría y equilibrio entre ambos.

Texto: Edith Gero

Imagen: www.slideshare.net

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Cosas mías

A mí me gustan cosas que otros detestan y me parecen horribles otras que los demás quieren.

Me cuesta vivir lejos del agua y mi alma se hastía en terrenos llanos tanto como se ensancha emocionada al ver el mar.  Me encanta el café argentino, los colores de nuestra bandera y encontrar la magia oculta en lo ruin. Soy mala para las memorias de la historia social  y peor para los cálculos (con la química ni siquiera lo intento). La injusticia e inequidad me sublevan y el silencio por respuesta me entristece hasta la angustia. No me gusta el comino ni el anis y amo mezclar los colores y aromas de la comida mediterránea.Soy buena hasta la estupidez, y fiel hasta el fin.

Son tan cosas mías como amar las tormentas cuando todos eligen el sol.

Saber lo que uno ama y detesta es bueno para poner límites (o sacarlos) que respeten nuestras cosas. Esas  con que por alguna razón el Creador nos dotó. Muchos entienden y hablan del amor sólo en el dar, pero en realidad si vamos a apegarnos a las reglas del Creador el primero a quién debiéramos dar amor y atención es al respeto de nuestras propias formas.  Por algo Él dijo “como a ti mismo”:al dar la orden mayor de amar. Como te amaste, respetaste y cuidaste primero; así podrás dar libremente a otros.

Porque nadie puede dar lo que no posee primero.

Pero no te confundas, el amor correcto por uno mismo es diametralmente opuesto al ego y narcisismo (los ególatras no se aman, se perjudican). Cuidar correctamente de uno mismo es cuidar del equilibrio entre lo que damos y recibimos, porque nadie siembra y se desentiende de la cosecha sino que la cuida, espera y pelea por ella; y es cuidar de eso que por alguna razón un cielo generoso puso en nosotros.

Yo amo lo que amo y sueño con lo que sueño mal que les pese a muchos. Son mis cosas, nadie puede soñarlas ni amarlas ni tal vez realizarlas como yo. El Salmo dice que fuimos predestinados y soñados por Dios, y nada faltó en ese sueño en que nos formó antes de la Creación misma. Cuando respeto lo que soy y escucho el sonido de mi destino junto a la voz de mi corazón, yo estoy cuidando y celebrando el sueño que Dios sembró en mí; y que solo podrá florecer en otros si primero es cuidado en mi propio jardín.

Texto: Edith Gero

Imagen: by Eduardo Hildt/ vía: www.bancodeimagenesgratis.com 

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