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Cuidado Intensivo

Era una tarde gris de otoño y yo salía del trabajo con mis compañeras. Estábamos apuradas y cansadas.

Al pasar la puerta, un llanto me sorprendió y me di vuelta, en el recodo de la entrada, en la esquina con el otro gran comercio, un niño descalzo y sucio, de unos 10 años lloraba acurrucado., Frente a la burla de mis compañeros, me agache y le pregunte su problema,. Me senté en el suelo y comenzamos a hablar. El era un niño de la calle, y le habían robado la plata que logro recaudar, yo entendía su desesperación, si no llevaba el dinero lo castigarían mal.

Lo consolé, luego le presente a Jesús, oramos juntos, y luego le di el dinero que le habían robado. Nunca volví a verlo, pero sus ojos me dijeron que no importaba eso, cuando oré por él le pedí a Dios que lo sellara y cuidara de él en el futuro.

Todos tenemos acceso a un cierto número de personas, de manera especial.

Llegar a todos es imposible, ni utilizando todos los métodos de comunicación, llegamos a la totalidad. Tenemos gracia solo hacia ciertas edades, sectores, áreas.

Dios nos acerca a personas determinadas en momentos determinados.

Que importa si son grandes, o muy pequeñas. Importa que el área que me fue asignada a mí, sea cubierta.

Jesús dijo en lo que se considera su oración sacerdotal “Yo ruego por ellos, no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque tuyos son”( Juan 17.9) y, “a los que me diste, yo los guarde, y ninguno de ellos se perdió” (Juan 17.12).

Hay gente, a tu alrededor, que te fue asignada por Dios, para que tú las cuides.

Muchas empresas y grupos de servicio en donde trabajé, padecen un problema básico, repetido en familias y relaciones. Se valora poco a quienes se tiene al lado, por tanto, la mayoría de las veces se los pierde. Un día una gran empresaria me sentó a que le dijera porque a ella le ocurría perder continuamente sus empleados. Intente inútilmente hablarle de cuidar a la gente, ella no quería verlo. Decenas de personas habían pasado y se habían ido de su empresa, algunas de ella excelentísimas personas que no se sintieron valoradas.

La generalidad de los seres humanos vive inmersa en su propio mundo, en la discusión de sus propia problemática, tanta comunicación tecnológica solo ha servido para que las personas comuniquen mas…¡ sus propios problemas…!.

El cultivo del yo, parece n tener fin. Los mails y chateos son una larga explicación de problemas personales. Y de la continua necesidad sin fondo “necesito que otros me escuchen, me siento solo, necesito….”

Cuidar es una actitud abierta para otros, lejana al egoísmo personal y es una decisión difícil de asumir. Porque invertimos el planteo. En vez de que necesitamos, es que otros necesitan.

La naturaleza se abastece por añadidura, siguiendo el plan universal tejido desde el comienzo de los tiempos. El lago se abre con generosidad y da de si mismo en el vapor que se desprende en las madrugadas. Días más tarde suelo pasar por el mismo puente y llueve, y veo la lluvia devolver el agua. Y el lago termina vertiendo su abundancia por el vertedero en una cascada de impresionante belleza. Por añadidura.

Dios creó al hombre, para que fuera cuidado, y amado, por añadidura, de lo que puede dar, y cuidar a otros.

El cuidado solo es posible, desde el amor. Y el amor, viene de Dios.

Es un círculo, que al fin nos abraza a nosotros, en el mismo abrazo eterno del Padre que genero el amor, y posibilito que nos cuidemos.

Estuve estudiando sobre una materia que se llama “cuidado pastoral” y al escribir algunas cartas, ese tema volvió a mi hoy, porque me toco profundamente.

Siempre me plantee como haríamos, para sanar más personas, salvar más.

Como dije al comienzo, es imposible llegar a todos.

Más lo intentamos para solo ver, cuando más fallamos….

Pero este estudio, planteaba que toda la iglesia, se transformara en una unidad de cuidado. En una iglesia que cuida.

Y si bien el tema que trato aquí no es el de cuidado en la iglesia (todos por todos) , yo lo asocie inmediatamente a la gente.

Todos tenemos acceso a cierto número de personas.

Pues cuidemos de ellas.

Y todos así, cuidaremos de todos.

No se trata de que una sola persona tenga que hacer todo por otra, “en la multitud de consejeros hay seguridad”( Pr 11.14)

Se trata de que cada uno haga lo que le toca en ese momento.

A lo mejor uno salva, otro aconseja, otro ayuda en otra área.

Pero si básicamente tenemos una actitud diferente, no una de tomar, sino una de brindar cuidado a otros. Estaremos todos trabajando en equipo.

Un equipo de cuidado intensivo de personas.

A mi me escribe gente de todos lugares del mundo, de toda posición, y en todo tipo de situaciones. Yo puedo tal vez evitar que un suicida se mate, tal vez tengo enorme gracia para tratar con desordenes de genero. Pero no estoy ni en Francia, ni en México, ni en Estados Unidos para abrazar, llorar con el que llora, y reír con el que ríe.,

Tal vez yo desde aquí pueda colaborar con una intervención de emergencia.

Pero otros, que viven con ellos, les hablaran por teléfono, los consolaran cuando estén tristes, los animarán cuando desesperen. Y celebrarán con ellos en sus victorias.

Por eso, quiero animarte, a que te sumes al equipo de cuidadores.

Empieza viendo quien tienes cerca, y pide a Dios por ellos, pide que los que te fueron dados, ninguno se pierda. Ahora ámalos en formas concretas, físicas, visibles, aunque pase el tiempo, aunque se aparten o se vuelvan fríos, ámalos, envíales mensajes, hazles regalos, anímalos siempre, interésate por sus vidas, ¡escúchalos por favor! Tal vez alguna vez eso haga la diferencia, y los salves de morir….

Hace poco estaba platicando con mi hermana y mi madre en mi casa paterna, y de pronto, me contaron algo que me dejó paralizada, mi mejor amigo de la infancia, con el que jugaba, el que me defendía en el primario, mi primer gran amigo del alma, se suicidó.

Un dolor cortante entró en mi corazón, y como un flash imparable recordé. Los tiempos de hamacas y de jugar a los pistoleros, los cumpleaños en el jardín de su casa, el primario con sus burlas y rondas, el día en que murió su madre que viaje solo para tocar su timbre y darle un largo y silencioso abrazo, su bella casa contra la montaña en su adultez.

Al parecer nadie a su alrededor, supo romper el silencio de su interior, y ayudarle a salir.

Así que apúrate por escuchar, y no para hablar. Asiste, al crecimiento de los que te rodean. Anímalos a levantarse cuando caen, e intentarlo otra vez.

Hazles sentirse libres para compartirte sus heridas y enojos. Y cuando lo hagan no te hieras tú, sino soluciona su planteo, o busca su perdón si causaste la herida. Habrá tiempo para tus propios planteos, las heridas de otros son tan importantes como compartir su alegría.

Responde concretamente a las necesidades de otros en la medida que te sea posible., si están pasando necesidad, no le hables, saca algo de lo tuyo y comparte con el otro.

Y cuando veas que estas despegando, anímalos a que ellos busquen a quienes cuidar, y se comprometan en volverse cuidadores de otros.

No hagas lo que no te toca, sigue tu corazón, Dios te pone en áreas donde solo tú estas destinado a brillar, cuida tu porción..

No tienes que hacer grandes cosas, solo haz tu parte.

El cuidado pastoral practicado por todos, tiene que ver con la siembra y la cosecha. Tal vez algunos preparan la tierra, otros esparcen la semilla, y otros riegan.

No importa quien cumpla la tarea, lo importante es que todos estemos comprometidos en el cuidado, para que la semilla, llegue a ser ese fruto perfecto, que pueda presentarse aprobado.

El cuidado planteado así, no deja lugar para tomar orgullo por la propia tarea, porque muchos intervienen. Y afianza nuestra identidad, al darnos cuenta que podemos dar luz, tal vez una luz que no sabíamos que existía en nosotros.

Muchas personas no hacen mucho por otras. Y se frustran porque no lo hacen. Pero sencillamente porque esperan que otro les diga como, o cuando, o esperan estar insertados en organizaciones para hacerlo.

El amor no necesita estatutos, se motiva en si mismo, y se nutre a si mismo.

Solo empieza amando. Da lo mejor de ti cada día, a los que tienes a mano.

Llena a los que tienes cerca de una escucha atenta, de perdón, respeto, cariño y lealtad, y enséñales a hacer lo mismo.

Sé agradecido con los que te han ayudado, valora a quienes te aman por el simple placer de quererte. Apoya a los demás.

En algún momento, verás que el Dios de toda la tierra, cuido de ti mientras tú lo hacías con otros. Y se lo veía sonreír, mientras lo hacía.

Edith Gero reside en Córdoba, Argentina. Es Pastora, Consejera , escritora y creó la red de Bahia esperanza como un lugar amable donde poder hablar y encontrar herramientas para solucionar conflictos y crecer. www.bahiaesperanza.com www.bahiaesperanza.blogspot.com www.desayunandocondios.com Facebbok/Twitter:EdithGero

Un Comentario

  • sion

    Necesito alejarme de alguien prohibido para mi, que al principio el me busco y yo no queria nada con el, pero ahora yo siento algo por el, y de el solo recibo desprecio…Solo quiero olvidarme ya de este asunto….

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