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Tratando con el enojo

Hace tiempo les tengo prometido este tema, mis sinceras disculpas porque es más lo pendiente que la posiblidad de darle curso.  Pero al fin aquí vamos…  Quiero ser lo más clara y práctica posible con un tema que  atañe a todos.
Porque todos nos enojamos, empezemos por ahí.  Y nadie nace con instrucciones al respecto; así que veamos  como nuestro enojo  nos puede ser útil  sin permitir que se transforme en una ira asesina ni origine un nivel de stress que nos lleve a un infarto o a una gastritis. Las instrucciones que debemos atender  entonces,  por supuesto vienen dadas por el mismo Creador del enojo que nos dejó la forma de tratarlo:
«Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo». Efesios 4:26

Y lo primero que quiero decir es que vayámonos sacando el folclore que tenemos al respecto, o los falsos mitos para decirlo de una forma más «actual».  Tenemos esa manía de catalogar todo:  esto es bueno , esto es malo;  esto es deseable, esto es desechable. ¡Todo lo que Dios hizo es bueno!, útil y perfecto; lo malo es la forma como lo manejamos que es parte de nuestra naturaleza caída.
El enojo no solo es bueno, es increible. Nos dá la fuerza para cambiar, nos «empuja» literalmente a tomar ese cambio postergado.  Por ejemplo el enojo frente a lo injusto nos dá el valor de confrontar lo necesario y salirnos de la situación, también reordena nuestros valores al hacer frente por fin al tema y entender que despues de todo sí podíamos hacerlo.  A esto podríamos llamarlo el «buen enojo», ese al que Dios alude cuando comienza diciendo en el párrafo anterior:  «¡Sí, enójense, les doy permiso!» -porque sabe que somos seres  emocionales y necesitamos canalizar dichas emociones  de alguna manera-.
Cuando una persona se enoja  solemos decir que tiene mal carácter, seguimos aclarando… el carácter tampoco es malo, tener carácter es algo deseable  y el enojo es parte de tener un carácter firme.  Es nuestra forma de reaccionar ante lo injusto, ante lo que afecta nuestros valores o calidad de vida.

Pero hay otro enojo, que podríamos llamar «ira»  (aunque en los diccionarios enojo e ira funcionan como sinónimos) que lleva a un estado violento y descontrolado configurando la figura de aquello que nos aparta de la obediencia a Dios interrumpiendo una sana relación tanto cono El como con nuestros semejantes. Este «mal enojo» nos lleva a situaciones inmanejables y enfermas  dónde podríamos producir daños no reparables. El caso de la barrera de traslación por ejemplo:  estoy enojada con mi jefe y como no puedo desquitarme con él le hago la vida imposible a mi pareja. O tal vez lastimo física o psiquicamente a alguien. O me hundo en alguna adicción lastimándome a mí misma.  Así fue la historia del primer asesinato, Cain se enfureció por la ofrenda de Abel que agradó a Dios más que la suya, y mató a su hermano, para luego pretender esconder enseguida frente a Dios lo que había hecho.  Recordemos que Dios no puede ser engañado y lo mejor que podemos hacer si nuestro enojo se ha convertido en furia y hemos hecho algo malo, es enfrentar rapidamente las consecuencias. Siempre es la mejor idea no esconder el rostro de nuestro semejante y enfrentar la realidad de nuestros hechos, de eso estamos hablando en la Bitácora hoy, consulta el artículo «Lo que me toca»

Tenemos entonces  que por causas diversas y justificadas – o no- estaremos enojados de dos formas:  dentro de un contexto permitido y normal, o dentro de un serio problema.  Y… ¿cómo logramos no pasar el delgado límite que nos permita mantenernos en «dominio propio»?. Pues la misma regla de Dios nos dá en la segunda parte, la solución:
«No se ponga el sol sobre vuestro enojo». Por años se ha enseñado  erroneamente que el significado de esto es  no guardar el enojo hasta el otro día como la forma de evitar el odio , la ira y la desobediencia. Me he preguntado por mucho tiempo como cumplir con esto si uno se enojaba ya de noche…. ¿aludía la orden realmente a un tiempo físico?
Dios hace más simples las cosas de lo que nosotros pensamos.  Que no se ponga el sol signfica que no debemos «guardar» el enojo. Porque guardado está a oscuras y volvemos al mismo postulado que usamos para explicar lo que ocurre cuando «rompemos el silencio»y cuando guardamos silencio. Lo guardado está en oscuridad y sobre lo que está en oscuridad reina el príncipe de las tinieblas, si queremos que nuestros enojos se solucionen hay que romper el silencio y sacarlos a luz hablándolos, para que el cambio de reino proceda. Y no estoy espiritualizando ni demonizando nada, sino usando la Biblia, el libro de instrucciones del Fabricante. «Dios es luz y no hay ninguna oscuridad en El», y todos sabemos que lo que se guarda, en oscuridad se guarda, priva cualquier cosa de luz un tiempo y verás el resultado. Nunca verás que Dios se contradiga a sí mismo ni las leyes naturales a las sobranaturales.

Ahora, hablar el enojo no es un «sincericidio». No es una herramienta más con que matamos al otro con palabras que hieren más que un cuchillo. Suele ser imprescindible no contestar cuando la agresión o el golpe viene y el enojo se forma en nosotros sino tomarnos un tiempo,  que deberá ser controladamente breve…
Pero…. tiempo ¿para qué?
Para perdonar primero, tanto a nosotros por nuestras emociones alteradas como al otro por lo que nos hizo. Tiempo también para bajar los decibeles del enojo y llamarnos a reflexión. Nunca es buena idea proseguir  la discusión cuando uno de los dos o ambos están francamente enojados. Hay personas que se agotan emocionalmente hasta niveles alarmantes por no abandonar una discusión.  Ahí con un resto de calma hay que poner un tiempo de por medio. Tanto el que se levante de la discusión como el que deja ir al otro, deben apelar a la sensatez y esperar. Por favor  tomen nota de no elevar el nivel de la discusión para no tener que lamentar un mal irremediable, ni tocar físicamente al que está enojado o al que desea irse, es tiempo de replegarse, y esperar.
Salir a caminar (nunca en auto si tienes un ataque de ira o estás deprimido), hablar con alguien de confianza y con la madurez suficiente para entendermos, escribir el enojo, salir a correr, algo que desvíe la furia hacia un blanco no humano. Y luego, sin más trámites hay que sentarse a hablarlo, pero como dije, habiendo perdonado primero, con la calma suficiente de no echarle al  otro la culpa por nuestro enojo. Echar culpas como ya dije repetidas veces no sirve para nada, encontrar responsables tampoco ayuda a sanar la situación. Hacerse responsable sí. Si yo estoy enojada, ese es mi problema  y mi responsabilidad, no la del otro porque me lastimó.  El mundo sería un lugar más amable si todos asumiéramos lo que nos toca, de eso estamos hablando en la Bitácora como ya mencioné.

Hacerme responsable de mi enojo significa también que no puedo faltar el respeto al otro en lo que diga, puedo explicar lo que me hiere, y realmente deberíamos hacerlo todos, basta de silencios llenos, o de asumir lo que el otro piensa. Nadie debería andar suponiendo o adivinando lo que le pasa a otro porque siempre erramos. Ve y pregunta, comunícate.   El enojo es en sí un profundo reclamo y la otra persona no solo tiene derecho a saber lo que nos enojó de ella sino que eso puede ayudarle a conocer en que areas debería trabajar y cambiar si así lo entiende y desea.
Y repito, «si así lo entiende y desea» porque ni mi enojo, ni mi sentido de injusticia ni mi aguda percepción de como deberían ser las cosas provocará que otro cambie.
Es Dios Quien pone tanto el querer como el hacer dice la Biblia. La gente cambia cuando es movida a convicción de tal. Y yo debo respetar eso, porque Dios también lo respeta. Nunca debemos escalar el monte de querer ser como Dios. El es el motor de cambio y convicción, nosotros solo damos nuestro punto de vista, a veces como máximo algún consejo acertado; pero siempre entendiendo que nuestro punto de vista tiene tanto valor como el del otro.  La Biblia dice que siempre debemos considerar al otro como superior a nosotros mismos, y que el amor es antes que todo en una relación.  Hacerme responsable de los límites de mi enojo también significa entonces que amaré por encima de mi sentimiento de injusticia y no pondré en juego la relación por un enojo, entendiendo que todos, absolutamente todos nos enojamos,  hablamos mal de otros y hacemos cosas injustas. Respeto es la consigna para marcar el límite del enojo saludable y de la atención que devuelva o no el reclamo que el enojo genera.

Ahora, quien escuche del otro lado debe entender esto, el enojo es un reclamo de quien lo habla, es un clamor por algo que percibe injusto, y todo reclamo debería ser escuchado independientemte de lo mal que tal vez se exprese por la fuerte emoción que contendrá.
Ambos integrantes en una comunicación deben madurar a entender que todo enojo sale mal, porque hay algo que está mal adentro. Podremos controlar tal vez que no mate a alguien, pero no podremos vestir de bueno lo que está mal. Y debemos dejarlo que salga como está, porque la verdad es lo único que nos hace libres. Escuchar con respeto el malestar que hemos causado en otro es un profundo acto de amor y humildad. Atiende el reclamo sin mirar el tono con que se te hace ni reaccionar por ello. Mañana te tocará a ti enojarte y como sembraste escuchar, seguro también serás escuchado. Nadie escapa a eso.
Dí las palabras mágicas: «estoy de acuerdo, tienes razón, perdóname, trabajaré en ello». Dios resiste a los soberbios, y dá gracia a los humildes. Y contínúa diciendo que la palabra mansa, aplaca el enojo. Nadie sigue enojado cuando el otro pide perdón y escucha con mansedumbre en vez de querer sostener un egocéntrico «yo y solo yo tengo la razón». Quien no busca el perdón tiene aún mucho orgullo por rendir, y esto no es buena receta para una relación sana. Todos fallamos, el tema es si nos haremos cargo o no de nuestros errores.

Otra cosa que debemos evitar es entrar «en reacción». O sea contestar el enojo con más enojo. La ley física dice que a toda acción corresponde una reacción, emocionalmente también ocurre esto desencadenando una imparable bola de nieve que crece a límites intolerables hasta que algo se rompe. A veces son vidas.
Entonces a  esto se lo llama  «estar en reacción»: como el otro me lastimó con lo que dijo o hizo, yo hago el doble. Y en sí esto es una venganza, considera con cuidado este tema ya que venganza y perdón se excluyen mutuamente. Dios fue claro en que si nosotros no perdonamos, El tampoco nos perdonará.
Aquí deberíamos aplicar la ley de la plataforma opuesta para sacar por completo el eje de la discusión de dónde venía y ponerlo en Dios. La ley de la plataforma opuesta operaría aquí devolviendo escucha atenta, calma, mansedumbre y perdón al enojo que casi todos toman como una ofensa personal sin percatarse que en realidad lejos de eso, el enojo no es una ofensa al otro sino un reclamo por atender.
Si no debemos entrar en reacción, menos debemos pelear enojados. Hay formas de tener una «buena pelea» pero de eso trataremos en otro momento. Ganar una pelea o tener la razón NO contribuyen para nada a una relación.
No debemos plantear algo para ganar, sino para lograr un equilibrio sano, para ser íntegros, verdaderos y no callar la herida – «confesaos las ofensas unos a otros para que seaís sanados»-.

Cuando no acatamos la orden del Creador para el manejo del enojo y tomamos las riendas del «yo solo» (como hacemos generalmente) y lo guardamos, se va formando un lugar que en restauración suele llamarse «lagos de ira», dónde el enojo se guarda, como ya citamos en lugares oscuros como todo lo guardado. Estos lagos o depósitos de ira -en su mayoría históricas por no declaradas- se almacenan como dijimos en lugares sórdidos y oscuros  de nuestro interior que como se encuentran en infracción al código del Creador están bajo el manejo de ciertos personajes siniestros del mundo espiritual que nada bueno desean para nosotros.  Quiero dejarte en claro que tales lugares son reales, y tienen un increible peso bloqueante o movilizador de ciertas actitudes, siempre del orden oscuro: violencia, reacciones desmedidas, lastimar, maldecir, etc. Si eres preso de reacciones que no puedes manejar, ahora estarás entendiendo de dónde proceden y que puedes hacer para enfrentar eso. La reacción desmedida no es tuya pero tú la permitiste en tu vida, y solo tú puedas sacarla de allí.
¿Y entonces? ¿Cómo  limpiar y dar a luz esos lugares sórdidos para no tener esas reacciones desmedidas?  Con la regla inicial:  hablándolos, rindiéndolos. Con una persona capacitada por supuesto y que entienda el mundo espiritual tanto como el psíquico. Si hay mucho acumulado en tu historial sin tratar, necesitarás en lo posible dejar que todo eso drene ya sea hablándolo, escribiéndolo o similar.  Y teniendote paciencia, porque es normal que todo eso te vaya enojando a tí mismo mientas sale. Es cierto que aprender a conocerse y confrontarse no es sencillo, pero no podemos seguire viviendo de espaldas a  Dios y a nosotros mismos, esa es la única ruta que nos llevará a relaciones saludables con otros que no verán el efecto rebote o de traslado de enojos mal procesados.

El buen enojo contra uno mismo es un llamado de atención frente a cambios que debo implementar sin seguir aplazando.  Jesús tenía entre sus discípulos a dos hermanos apodados «hijos del trueno» por su carácter explosivo,  finalmente el Señor usó tal fuerza moldeándola para bien.
Hace unos años un amigo me dió una lección sabia sobre esto dicíéndome que cuando me enojo le provoco risa, porque soy como una tormenta. Desde entonces mis hijos me apodaron así: «storm», y yo me río recordando el incidente que me movió a otra mirada sobre el tema.
Deja que venga la luz sobre tus enojos, deja que salga el arcoiris sobre todas tus tormentas.
Dios te bendiga en tu diaria busqueda por crecer camino a la eternidad.

Lee más sobre el tema…
«Lo que me toca»
«De venganza, perdón, justicia y El Vengador»
«En las aguas profundas del perdón»

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Texto: Edith Gero
Imagen: «Rainbow Scape»by www.bancodeimagenesgratis

Edith Gero es pastora, escritora, consejera bíblica y la creadora de Bahía Esperanza. Un sitio amable donde romper el silencio y encontrar herramientas para la resolución de conflictos, más la motivación a un sano crecimiento diario.

3 Comentarios

  • maia

    ESPERO K KADA DIA DIOS . E AYUDE SOY UNA PERSONA K ME ENOJO MUY FACILMENTE , Y ES BERDAD VARIAS COSAS DE LAS K TRATA ESTE TEMA ME PASAN AMI . ESPERO K DIOS ME DE LA LUZ PARA CONTROLAR ESTE ENOJO E RECONOCIDO K TENGO AUN MUCHO POR CAMBIAR EN MI VIDA. K DIOS SIGA BENDICIENDO SU MINISTERI

  • Susy n.g.

    No cabe duda q cuando pides ayuda al SEÑOR te la manda inmediatamente hoy mi peticin es esa precisamente sacar de mi las reacciones de enojo q lastiman a la gente q esta a mi alrededor, gracias Edith eres de bendicion en mi vida.

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