Bahia Esperanza.com

“De Dios es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan”. Salmos 24

Ella salió del laboratorio rapidamente, buscaba un lugar apartado dónde abrir el sobre que temblaba en su mano. Con un atraso de 3 meses la visita al médico la había dejado angustiada:”Usted está embarazada, pero igual le pediré el análisis correspondiente”. La frase selló como una sentencia el cambio total que se avecinaba y arrinconó hasta perderla a la niña ingenua que hasta  unos días atrás pensaba que las nauseas eran fruto de un viejo problema de salud que arrastraba, y que la palabras que asumen responsabilidades se cumplen.

Con un poco de angustia y muchas preguntas  caminó y caminó, los colores eran distintos, que extraño era saber que una vida crecía en su interior… Citó a su pareja y calladamente colocó sobre la mesa del café el papel de confirmación de la prueba de embarazo. De pronto se disolvió el amor, la responsabilidad huyó y no contaron las promesas hechas hasta ayer. Las lapidarias palabras  provocaron una punzada tan aguda de dolor que costaba respirar.

“¿Y ahora?”. Todo se mezclaba en sus ideas mientras intentaba entender la pared con la que acababa de estrellarse.

Hubiera sido en vano decir “no quiero, no puedo, ahora no”. Subió callada al auto sabiendo que nada sería igual. Cuando llegaron al destino común se quedó sola unos minutos tratando de armar de nuevo los pedazos. Luego cerró la puerta y se fue caminando despacio, en los próximos dos días nadie la encontraría. Atrincherada en un hotel de dudosa categoría, con el único mueble aparte de la cama cruzado contra la puerta que dejaba pasar las risotadas de borrachos y parejas que pasaban, ella estaba sentada en la cama y pensaba. Las manos cruzadas sobre su vientre protegían instintivamente esa vida ya rechazada de antemano.

Todo se mezclaba en  esos momentos. Miedo, el trabajo que también se terminabla, con qué mantener el bebé, verguenza, lo que sabía dirían sus padres, el fin de la libertad de elegir vivir la vida como quería, y Dios, dónde estaría Dios…Vivir y dejar vivir o terminar con todo de una vez  era la principal pregunta a responder. Ya había intentado el suicidio una vez, el dolor, soledad y rechazo no eran nuevos para ella a pesar de sus jóvenes poco más de veinte. La vida se había cambiado en algo gris.

Buscaba hace tiempo a Dios y  aunque no lo encontraba hasta el viento le hablaba de Él desde pequeña. Luego de la larga vigilia, ella logró encontrar un rastro de fe y supo lo que debía hacer. Una extraña convicción y fuerza la inundó.  Los meses que siguieron trajeron largas peleas, muchas lágrimas, y un nuevo método de aborto propuesto cada día, que al pasar el límite de lo posible sin riesgos se tornó en ” darlo en adopción, regalarlo, dejarlo, abanadonar”.

Lo importante para todos era que ella “siguiera con su vida” …, a nadie parecía preocuparle demasiado la vida que ya pateaba en su vientre, tal vez la vida no era tan importante si se podía decidir de ella como de un objeto. Los días eran tristes y el futuro  incierto. Pero finalmente ese Dios que ella no encontraba triunfó y de alguna manera su presión fue mas fuerte. Un amor por ese pequeño ser la inundó de tal manera que ella decidió contra todo seguir adelante.  La decisión le costaría mucho más que perder su brillante futuro y su pareja. Le costó el desprecio, el rechazo, las burlas en los trabajos a lo que se presentaba, y lo dificil de enfrentar una vida sola con su bebé.

Hoy el bebé de la discordia  es una hermosa mujer de 32 años a quien amo incondicionalmente. Y sé que ella era totalmente ella desde el primer día de ese desconocido embarazo, porque esta es mi historia, y ella mi primer hija.

No niego que fue dificil,  tampoco que la vida me cambió, y  oportunidades terminaron que nunca volvieron. Pero la elección de amor con que podemos honrar la vida en ese momento es toda una declaración de fe en una Creación  que no nos pertenece.  Somos depositarios momentaneos de vidas por cuidar. El amor es el mejor depósito, inversión y carrera que podemos hacer.

Si algo me enseñó la vida es esto: puede ser extremadamente dificil, pero no hay imposibles para el que cree.  Siempre hay salidas.  Pero abortar, regalar o vender un bebé no debería estar en nuestras opciones ni en las de nadie. Ni siquiera  si tal bebé fuera fruto de una violación.  Tal vez alguno de mis amados hijos fue fruto de una, no lo sé ni lo cuestiono, son mis hijos, los amo por igual.

Dios es el único Creador de vida, y también el único que debería poder quitarla. El slogan abortista que esgrime que la mujer es dueña de su cuerpo es una posición muy alejada a la de Dios. A nuestro alrededor hay muchas mujeres de toda edad luchando con decisiones tremendas, ayudemos, escuchemos, extendamos una mano sin juzgar. Y si toca hablar con alguien que ya ha pasado por un aborto sepamos brindar cuidado intensivo, porque luego de varios abortos espontáneos que pasé fruto de las continuas crisis que viví yo sé muy bién lo que duele. Es una herida sangrante que parece no cerrar nunca. La pérdida de un hijo nos sumerge en un abismo sin nombre. Ayudemos a las personas a levantarse, a buscar el perdón de Dios y de los demás, ayudemos a los demás a perdonarse y encontrar reconciliación.  Y para los que hemos pasado por un aborto, aún no buscado, quedamos doblemente comprometidos con la vida.  Por eso yo firmo “NO al aborto” para cada organización que me lo solicita, e intento crear conciencia sobre el tema.

Te invito a ver el video del artículo y poner el título de esta entrada en tu base de valores, digamos “NO” al aborto.

“Tú (Dios) creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre.
¡Te alabo porque soy una creación admirable!
¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bién!
Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más recóndito era yo formado,
cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido.
Tus ojos vieron mi cuerpo en mi gestación: todo ya estaba escrito en tu libro;
todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos” Salmos 139

Ver video de la entrada

Texto: Edith Gero
Imagen: Stanka Kordic by Arte Boom

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *