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Mentiras

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Ana y Francisco se conocieron un año atrás y ultiman los trámites para su boda. Pero Ana no está feliz, hay muchas cosas que no le cierran de su pareja y en las últimas semanas  pareciera que lo que no encaja se hubiera amontonado hasta hacerse visible. Como Dios está de parte de la verdad, antes de que las cosas se malogren del todo aparecen señales claras de cosas ocultas.

Francisco ha venido llevando una doble vida y ocultarla le ha llevado a una sumatoria de mentiras (porque la mentira es así, primero una, y luego ya vienen todas las demás que apuntalan la primera). Hace tiempo él no tiene ningún trabajo, las cosas que desaparecen de la casa fueron robadas y vendidas por él, ha defraudado y estafado a mucha gente, y lo peor, su prometida no sabe nada de su vida real.  Pero… las señales estaban y crecieron hasta hacerse claramente visibles.  Los pagos del salón de la boda que nunca se realizaron (porque se gastó el dinero),  las múltiples excusas para no dar el teléfono y lugar de su trabajo…

Cuando los engaños y mentiras salen a luz hay un momento sumamente difícil en la relación que parece haberse quebrado irremediablemente.  El dolor agudo de todos los que descubren haber vivido con alguien que no existía tapa las salidas posibles.  Pero por esta vez  hay una luz al final del túnel. Francisco pide perdón, reconoce su problema y asiste a un grupo de ayuda.  De a poquito  la relación es restaurada frente a compromisos con la verdad y acciones concretas para ganar la confianza de nuevo.

Las estadísticas nos dicen que el ser humano mientre entre 3 y 20 veces al día, esta tasa suele incrementarse en la primera conversación entre dos personas dónde puede llegar a 8 mentiras dichas en los primeros minutos.  Mentir en algo “normal” para el ser humano, porque tenemos una naturaleza caída, fruto del primer episodio de mentiras conocido justamente como “La Caída”. Desde entonces lo normal entre las personas es el engaño.  La observación de cualquier niño exhibirá claramente tal patrón:  por ejemplo el niño llora porque le quitan algo, recibiendo en respuesta la devolución del objeto. La próxima vez el niño fingirá el llanto para obtener el mismo resultado. Con el tiempo la mentira se hace hábito, y para algunos como el caso citado al principio, una compulsión.  Y para aquellos que dicen “Yo no miento” les tengo una noticia: nuestro cerebro y ojos nos mienten todo el tiempo, y nosotros, nos mentimos a nosotros mismos casi a diario. Cada vez que intentamos explicarnos cuando buscamos el perdón, o que levantamos barreras de negación, proyección o cualquiera de ellas estamos por lo menos, engañándonos a nosotros mismos.

La gran mayoría de la gente miente y esconde a diario, y llevan auténticas dobles y triples vidas. Una con su pareja, otra en el trabajo (o en ausencia de tal). Algunos se tildan de espirituales y buena gente pero luego  llegan a sus casas a faltar el respeto a lo primero que debiera ser respetado, y no se dan cuenta que no solo mienten a Dios y a los demás, sino que se mienten más a ellos mismos. Muchos se niegan a relaciones de todo tipo por miedo o verguenza, y esconden y mienten sobre lo que sienten sin darse cuenta que uno nunca se puede escapar de uno mismo.

La gran masa del mundo entonces miente, esconde, adultera, traiciona y sigue mintiendo para no reconocer que lo está haciendo.  La mentira se ha vuelto la forma  “normal” de relacionarse. Como si fuera un concurso de quien puede fantasear mejor sobre lo que no existe. Auténticos fabricantes y vendedores de ilusiones muestran y viven lo que no existe. Mienten al hacer las declaraciones de impuestos y en las declaraciones juradas de salud. Mienten sobre cuánto ganan y cuánto deben.  Mienten cuando es claramente visible que les gusta alguien más. Mienten sobre sus deseos y pasiones. Mienten en cuánto y en qué gastan o invierten su dinero.

 Cuando una pareja se conoce es típico, quieren ser el mejor amigo del otro y se dicen todo, es imperativo hacerlo.  Pero cuando la relación avanza empiezan los ocultamientos, y las mentiras que los tapan. Desvios de dinero, cambios de metas, otras personas que entran en juego, son buena tierra para esconder deseos y equivocaciones.  Y hasta lo que sería normal, los cambios de planes, se vuelven oscuros por no hablarlos, por mentir sobre ellos. 

¿Porqué  mentimos?

-Por miedo.
-Para evitar una responsabilidad.
-Para sostener la imagen.
-Para lograr algo.
-Para evitar un castigo.
-Para ser aceptado socialmente (mentira social o blanca)

¿Qué consecuencias traen las mentiras?

Dios nos dijo que conoceremos la verdad y solo ella nos hará libres.  No fuimos diseñados para mentir, por eso mentir nos produce culpa, ansiedad y stress.  La sonrisa permanente que algunos esgrimen cubriendo sus mentiras solo es culpa vestida de una mueca sin sustento.  Para vivir en paz, para poder sonreir desde el corazón, lo único que una persona debería esgrimir siempre es la verdad.  En una gran mayoría las mentiras provocarán el resquebrajamiento y fin de una relación al perderse la confianza. Toda persona puede soportar niveles de crisis increibles si conoce la verdad a fondo. En cambio hasta pequeñas mentiras pueden provocar  el fin de una relación, aunque irónicamente la excusa más usada para mentir en una relación es : “ lo hice por el otro, mentí para que no sufra»

La mentira provocará siempre, dolor y quiebre. Siempre. Y en el lado contrario la verdad siempre sanará, siempre traerá luz, y laluz traerá esperanza.  Es cierto que a veces decir la verdad es tan duro como duros y oscuros pueden ser los pasillos de la mente y el corazón, pero tan cierto es que la verdad siempre sana como que la mentira siempre enferma.  Detrás de la verdad y la mentira está el mismo concepto de “luz y oscuridad” y la diferencia de reinos del que ya hemos hablado extensamente en  los artículos de “rompe el silencio I y II”.  La verdad siempre estará ligada a romper el silencio interior, confrontarse, y sacar a luz todo lo guardado.

Mentir es caminar al borde del precipicio, y es propiciar la destrucción tanto personal como la de lo que nos rodea.La mentira es un camino espiritualmente oscuro que guarda en lugares oscuros los frutos de sus engaños. La mentira también es una siembra corrupta que producirá cosechas de su mismo género. 

¿Qué dice Dios de las mentiras?

“Por lo tanto, dejando la mentira, hable cada uno a su prójimo con la verdad” Efesios 4.25 . El contexto de este capítulo es una exhortación y enseñanza a la madurez, dejando atrás la vieja naturaleza caida, la Biblia nos dice claramente que la mentira es parte del hombre caido que debe crecer y madurar al hombre espiritual dejándola de lado.
“No mientan. No engañen a su prójimo” Levítico 19.11. Mentira, engaño y falso testimonio son tratados como faltas del mismo peso.
«No hablarás contra tu prójimo falso testimonio».Éxodo 20:16. El noveno mandamiento prohibe la mentira.
“Dejen de mentirse unos a otros, ahora que se han quitado el ropaje de la vieja naturaleza con sus vicios” Colosences 3.9
“El Señor aborrece los labios mentirosos, pero se complace en los que actúan con lealtad” Prov. 12.22
«No habitará dentro de mi casa el que hace fraude; el que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos» Salmos 101:7.Los mentirosos están excluidos de la presencia de Dios.
«Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira».Apocalipsis 22:15. Los deshonestos no serán permitidos en la ciudad de Dios.
«El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, él tal es mentiroso, y la verdad no está en él».1 Juan 2:4. Somos mentirosos si decimos ser cristianos pero no obedecemos los mandamientos.

Sanidad de las mentiras

“Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” Juan 8:32

El antídoto a la mentira es la verdad. Y no solo una parcial y momentánea producida por un momento de desesperación,  sino trabajar por una conducta verdadera, dónde cada día estaremos conscientemente llevando a luz todas esos pequeños o grandes engaños propios y ajenos.

Así como mentir es algo que traemos en nuestra naturaleza caída, así practicar la verdad debe ser parte de nuestro proceso de crecimiento y restauración.  Recalco las diferencias porque decir la verdad  no es algo que nos “nacerá” sino que llevará un esfuerzo, será un acto consciente y difícil de la voluntad, «no entregarás ofrenda que no te cueste».

Para establecer una ruta de sanidad de la mentira comenzaré diciendo que  la única posibilidad de salirse de ella es traer todo, a luz.  En 3 áreas.

Las mayores mentiras las tenemos con Dios y para con Dios, es la primer área a resolver.

La segunda área es la confrontación personal, reconocer que  a diario nos autoengañamos y que cada barrera que seguimos portando es una mentira.  No podemos establecer una correcta identidad personal sin scar a luz lo que somos y trabajar en nosotros mismos permitiéndonos el error, siendo compasivos con lo que saldrá de nuestro interior.  Lo más complicado es el proceso de salir de la mentira no es hablar con otros, es enfrentarse a uno mismo, porque al caer las máscaras también habrá una readecuación de nuestra identidad y valor personal, y tendremos que aprender a exhibir la naturaleza oscura y apropiarnos de la  luminosa que Dios nos ofrece.

La tercer área es la relacional,  siempre primero hay que hacer un “blanqueo total” o podemos llamarlo poner todas las cartas sobre la mesa. Frente a frente las personas que han cometido o sufrido las mentiras tendrán que decir toda la verdad sin mejorar ni pintar ni agrandar ni mezquinar el cuadro resultante, tal como es. Luego el perdón deberá intervenir haciendo la obra para la que fue creado y lo más importante, es establecer el hábito diario de seguir sacando todo a luz para no volver a tener sitios escondidos y oscuros ni para con nosotros mismos ni con los demás.

Este estudio está orientado a esclarecer la verdad sobre el tema (valga la redundancia) pero el fin buscado no es la culpa (juego perverso y oscuro por cierto el de la culpa) sino desafiarnos a todos (yo primera) a crecer, y cambiar lo que debemos. Si hemos mentido, Dios es fiel y justo para perdonarnos si nos volvemos a Él, y toda restauración es posible por Su Gracia maravillosa.

Texto: Edith Gero
Imagen: 1,000,000 Pictures

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Edith Gero es pastora, escritora, consejera bíblica y la creadora de Bahía Esperanza. Un sitio amable donde romper el silencio y encontrar herramientas para la resolución de conflictos, más la motivación a un sano crecimiento diario.

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