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La prueba de la vida

“Es para ustedes motivo de alegría, a pesar de que hasta ahora  han tenido que sufrir diversas pruebas. El oro, aunque perecedero, se acrisola en el fuego. Así también la fe de ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación”.  1 Pedro 1:6-7

Muchos creen que el fin de vivir es realizarse a nivel personal. Otros invierten la vida buscando su propio camino hacia la felicidad, sea que esta se llame casarse, trabajar bien, tener una casa increíble o algo similar, (también esto es una búsqueda  de algún tipo de  realización personal al fin). Amar y ser amado es otro de los grandes fines atribuidos a la vida, encontrar la gratificación del amor también se encuentra en la lista de cosas a completar , para….
¿Para ser felices?
¿Vivir será tan solo eso, alcanzar metas, sufrir las heridas, alegrarse en lo logrado…?, ¿Sólo eso que siempre gira en torno a uno mismo y nada más?
Hoy quiero darte una visión diferente, que pude extractar de mi propio camino y búsqueda, y creo se asemeja bastante a la que marca la Biblia. Bajo cuya óptica  amigos, lamento decirles que la vida es por completo una prueba.
Una prueba, un examen, una competencia de alto riesgo, un decatlón de resistencia extrema.
Primero claro somos sutilmente entrenados por Dios para lo que vendrá, y adiestrados en diferentes artes y habilidades que a lo mejor entendemos 40 años luego el porqué. En esta etapa todos protestamos y más cuando no usamos lo que estudiamos o para lo que fuimos preparados. Como a propósito las relaciones o trabajos o estudios interrumpidas a la mitad (o al comienzo) nos frustran, y decimos  «Para qué habré gastado tanto esfuerzo para que esto se termine ahora así….».
Porque antes de la prueba viene la equiparación. Habilidades, paciencia, tolerancia son puestas bajo entrenamiento intensivo.

“También nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones”. Romanos 5:4-5

En las manos del Alfarero aprendemos a ser más flexibles y nuestras durezas son limadas en su molino como se vuelve polvo otra vez la arcilla de una pieza defectuosa,  molida vuelta tras vuelta con  durísimas piedras redondas que eliminan todas las aristas quebradas.  Luego nuestro nivel de tolerancia es elevado y aprendemos a responder mejor a Sus Manos que nos van moldeando para un fin que desconocemos por completo. Mientras las fuertes manos del Eterno Dios golpean el trozo de arcilla una y otra vez levantando  la pieza hasta que queda perfecta, nuestra paciencia y umbral de dolor son elevados, aprendemos que lo que se quiere ofrecer, debe costarnos, debe pagar un precio y aprendemos que cada caída solo nos sacará mejores.
Entonces, cuando creemos que ya fuimos moldeados y que tendremos paz, y que ya estaremos tranquilos, entonces…. Recién entonces las verdaderas pruebas de vida están por comenzar.
Entonces somos zarandeados  y lo verdadero comienza a asomar. Las tormentas se convierten en tempestades  que probarán nuestros cimientos de fe y la verdad de nuestro arraigo. Sorprendentemente muchos veremos que éramos más fuertes de lo que pensábamos (si es que hemos sabido cimentar nuestra fe en el terreno correcto claro),
Cada etapa traerá profundo dolor, desazón, angustia, intolerancia y todo lo que te puedas imaginar y de lo que quisieras ni oir hablar más.  Y más avanzas más descubrirás que las pruebas no terminarán mientras haya vida porque Dios está trabajando en cada vida, y también verificarás no con poca incertidumbre que la realización personal no entra en el vocabulario de Dios, todo lo que Él nos da tiene por destino el bienestar pero no propio, sino el de otros, porque el amor no es egoísta y  para el estilo de vida eterno del Amor somos entrenados.
¿Y qué queda para nosotros? ¿ Hemos entendido acaso todo mal? Creo al menos que hemos sido enseñados mal. Lo que queda para nosotros es  lo que vuelve de lo que damos (porque todo vuelve)  más la Gracia añadida que no necesita explicaciones porque obra según su parecer.
La vida entonces es una larga prueba y capacitación para una eternidad que desconocemos. Esta es una etapa de exámenes permanentes, no busques otra cosa, sigue entrenando para ser apto, sigue fortaleciendo tu fe y carácter,  porque la disciplina y accionar de Dios sobre cada vida no tienen por fin nuestro sufrimiento sino llegar a poder disfrutar ampliamente de una eternidad a su lado.
Me queda decir por último que las reglas de la competencia están en la Biblia, la Palabra del Creador de la vida. Cada tramo de este pentatlón universal encontrará mención y aliento en ella. Quien respete las reglas y persevere hasta el fin, verá el fruto de su esfuerzo en una eternidad de paz, el que no, sufrirá las consecuencias de haber abandonado o reprobado el examen. Todos calificamos para ser alumnos en la universidad de Dios y pasar a los exámenes finales, solo tenemos que abrir nuestro corazón a Él, creer en Su Hijo y seguir cada día Su Palabra para llegar al final sin inconvenientes.

“Por cuanto has guardado la  palabra de mi paciencia, yo también te guardaré en la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra. He aquí, Yo vengo pronto, retén lo que tienes para que ninguno tome tu corona. Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí”. Ap. 4:10-11.

“”Considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben que la prueba de su fe produce constancia. Y la constancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada”. Santiago 1.4

Texto: Edith Gero

Imagen: Foto-Gratis.es

Edith Gero es pastora, escritora, consejera bíblica y la creadora de Bahía Esperanza. Un sitio amable donde romper el silencio y encontrar herramientas para la resolución de conflictos, más la motivación a un sano crecimiento diario.

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