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La hoja en blanco

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Escribo mirando la ventana que da al jardín y dejo que el verde me hable, busco que lo sobrenatural toque lo natural y oriente mis líneas; llamo a lo que siempre ha existido para que impregne lo que comienza a ser.

De vuelta a las palabras detengo la mirada en un anotador con imán que me regaló una amiga y que puse en la heladera, hace días que he dejado la hoja en blanco buscando guía. Empezando el año nuevo es casi habitual hacer listas de los pendientes y propósitos para el año nuevo, a la mayoría nos pasa lo mismo: escribimos listas y listas de cosas que terminamos no haciendo y que se convierten en frustraciones retratadas en papel.

Miro el contexto del anotador y me doy cuenta que Dios no hace nada al azar, no hay casualidades para Él: estuvimos hablando con un amigo sobre un collage del año pasado y del que vendrá y el anotador está justamente formando un collage con otras cosas. En diseño un collage es un moodboard, una parte importante de un proceso creativo: es la pared o pizarra digital o física dónde reunimos material sobre algo para facilitar la creatividad y el diseño final. La hoja en blanco está inmersa en mi moodboard de vida: mi heladera, dónde el pasado y el futuro se funden en lo cotidiano coexistiendo con cumpleaños, deliverys y otras cosas muy mías. Cada día las miro y me inspiran la creatividad suficiente para escribir mis días. No es casual que mi collage inspirador esté en la heladera: todos necesitamos ese cable a tierra, esa conexión con la realidad y creo que pocas cosas nos conectan más con ella que nuestra heladera, es mi hoy, puedo llorar dos horas algo que perdí pero luego tendré hambre y abriré la heladera y mi contacto con mis cosas volverá a afirmarme en la bendición que cada día me ofrece.

Un recuerdo es traído a mi mente mientras tipeo… hace un tiempo abrí la puerta al jardín (que está casualmente al lado de la heladera) y encontré en el suelo una hoja en blanco. No estaba sucia, ni doblada, ni manchada… parecía casi irreal: una hoja de carpeta perfectamente limpia apoyada contra la puerta, como esperando mis ojos, como recordándome que cada día son 24 horas de oportunidades, 86.400 segundos de decisiones posibles. Entonces tomo la primera decisión: dejaré la bella hoja en blanco y le dejaré el moño, al levantarme la veré y recordaré que cada día es una hoja en blanco que Dios me regala para que yo elija como llenar. Dejaré que Dios planee mis días y mis horas porque “en Su Mano están mis tiempos”. Y estoy segura que me equivocaré mil veces, pero más lo estoy que si sigo buscando con afán la Guía de Dios para cada uno de mis minutos Su Gracia me cubrirá en cada error con su Amor infinito.

Voy a escribir mis días con ganas, con arrepentimiento a veces, con alegría otras, con lágrimas por qué no cuando la tempestad toque mi puerta, y con agradecimiento siempre. Porque estoy viva y eso es un milagro, y un regalo. Porque hoy puedo decidir si seguir mis pequeños caminos o seguir Su Camino. Porque hoy puedo elegir mi propio y pequeño mundito centrado en mí o el infinito universo de Dios.

Texto e imagen: Edith Gero

Edith Gero es pastora, escritora, consejera bíblica y la creadora de Bahía Esperanza. Un sitio amable donde romper el silencio y encontrar herramientas para la resolución de conflictos, más la motivación a un sano crecimiento diario.

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