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Misericordia

Me encanta la palabra misericordia. ¡Estoy tan agradecido de que Dios sea un Dios de misericordia! William Shakespeare plasmó algo de la maravilla de la misericordia en el discurso de Porcia en El mercader de Venecia. Dicho personaje habla de la «propiedad de la clemencia»:
La propiedad de la clemencia es que no sea forzada,
cae como la dulce lluvia del cielo
sobre el llano que está por debajo de ella;
es dos veces bendita;
bendice al que la concede y al que la recibe
Acto IV, Escena I
Eres bendecido al recibir misericordia y al mostrar misericordia a los demás.

Salmos 6:1-10 – Clama por misericordia
¿Hay momentos en los que estás batallando y nada pareciera salir bien? ¿Te sientes desfallecer (v.2), en agonía (v.2), angustiado (v.3), desgastado (v.6), gimiendo (v.6), sollozando (v.6), en lágrimas (v.6) y débil por el dolor (v.7)?
En ocasiones esto puede relacionarse con nuestro propio pecado. Otras veces puede venir por el hecho de experimentar duelo, pérdidas repentinas, dificultades en las relaciones, separación familiar, enfermedades, problemas laborales, desempleo u oposición.
David también experimentó momentos difíciles pero, en medio de ellos, clamaba a Dios pidiendo misericordia: «Tenme compasión, Señor» (v.2). Sabía que Dios es un Dios de misericordia. Oraba: «Vuélvete, Señor, y sálvame la vida; por tu gran amor, ¡ponme a salvo!» (v.4).
A veces pensamos que nuestras dificultades nunca terminarán. Parecieran ir y venir. Cuando nos encontramos en una temporada de batalla, clamamos como David: « ¿Hasta cuándo, Señor, hasta cuándo?» (v.3). Clamamos por misericordia y pareciera como si Dios no escuchara. Pero él sí escucha. Llegará el momento en que podrás decir: «¡El Señor ha escuchado mis ruegos; el Señor ha tomado en cuenta mi oración» (v.9).

Mateo 5:43-6:24: Sé misericordioso con los demás
Mostrar misericordia a los demás está en el centro del corazón de la enseñanza de Jesús. «Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen, para que sean hijos de su Padre que está en el cielo» (5:44-45a). El amor es más que mostrar misericordia, pero la misericordia es una parte esencial del amor.
Jesús ofrece tres razones por las que debemos ser misericordiosos con quienes hayan obrado mal en contra de nosotros:
Primero, tener misericordia de tus enemigos es imitar a tu Padre celestial («para que sean hijos de su Padre que está en el cielo», v.45a). La misericordia de Dios se extiende a quienes hayan sido hostiles para con él: «Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos» (v.45b).
Segundo, tener esa clase de misericordia te destaca del resto del mundo: «Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa recibirán? ¿Acaso no hacen eso hasta los recaudadores de impuestos?» (v.46). Tendemos a amar solo a quienes se parecen a nosotros o nos agradan. Pero eres llamado a ser diferente. Dios te llama a vivir lo que Dietrich Bonhoeffer explicó como «lo “extraordinario” […] la marca del cristiano».
Tercero, hay una conexión entre perdonar y recibir perdón. No podemos recibir la misericordia de Dios y luego no mostrar misericordia hacia los demás. No ganamos el perdón al perdonar a los demás, pero Jesús dice que nuestro perdón hacia otros es esencial para recibir el perdón de Dios. «Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas» (6:14-15). Cada día recibimos misericordia y perdón, y diariamente tenemos misericordia y perdonamos a los demás.
Jesús también explica cómo expresar esta misericordia de forma práctica. Subraya la importancia de la oración. Dice: «oren por quienes los persiguen» (5:44). Orar por tus enemigos te ayudará a verlos como Dios los ve. En la oración te pones lado a lado con ellos, asumes su culpa y aflicción sobre ti y le ruegas a Dios por ellos. La oración es la prueba de fuego del amor. Acudir a la luz de la presencia de Dios revela los verdaderos sentimientos en las profundidades de nuestro corazón.
El tema de la misericordia también se encuentra en el corazón del Padrenuestro: «Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores» (6:12). (Desde luego, hay otros elementos junto a la misericordia en esta oración, temas que veremos más adelante al explorar los demás Evangelios).
Por último, la misericordia también debe estar en el corazón de nuestro dar. La generosidad es una forma de tener misericordia para con otros. «Más bien, cuando des a los necesitados, que no se entere tu mano izquierda de lo que hace la derecha, para que tu limosna sea en secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará» (vv.3-4).
Cada vez que leo el Sermón del Monte veo cuánto me falta y soy consciente de mi propia necesidad de recibir misericordia.

Génesis 14:1-16:16 – Recibe la misericordia de Dios
Dos pasajes cruciales en la lectura de hoy del Antiguo Testamento indican la forma en que se hace posible la misericordia de Dios.
Recibe la misericordia de Dios mediante Jesús.
El texto comienza con lo que parece un relato extraño y desconectado sobre cuatro reyes que derrotan a cinco reyes. Luego se establece la conexión con el sobrino de Abraham, Lot, capturado por los cuatro reyes (14:12) y rescatado por Abraham más tarde (v.16). Después, Abraham regresa misteriosamente de su victoria y es bendecido por Melquisedec (vv.18-20).
Melquisedec prefigura a Jesús, el gran sumo sacerdote, cuyo sacrificio único y perfecto en la cruz hizo posible que todos nuestros pecados fueran totalmente perdonados. Por lo tanto, esto puso fin a la necesidad del antiguo sacerdocio y el sistema sacrificial.
«Pan y vino» (v.18) prefiguran el pan y el vino del servicio de comunión, la Cena del Señor. Señalan al único y perfecto sacrificio de Jesús, cuyo cuerpo fue partido y cuya sangre fue derramada de modo que tú y yo fuéramos totalmente perdonados y recibiéramos la misericordia de Dios.

Recibe la misericordia de Dios por fe
El relato luego avanza hacia las promesas de Dios en Abraham, pese al hecho de que él y Sara eran ancianos y no tenían hijos, sus descendientes serían tantos como las estrellas que pudieran contar. «Abram creyó al Señor, y el Señor lo reconoció a él como justo» (15:6).
No solo eres perdonado; en su misericordia, Dios te declaró justo. El Nuevo Testamento suele referirse a este versículo porque muestra que la misericordia, el perdón y la justicia se obtienen por la fe, esto es, creyendo a Dios (ver, por ejemplo, Romanos 4:1-5; Gálatas 3:6).
Resulta alentador saber que aunque se menciona a Abraham en Hebreos 11 como una de las grandes personas de fe, al considerar la historia original vemos que su fe no era enteramente sólida.
Cuando sus oraciones por un hijo parecían no tener respuesta, Abraham y Sara pergeñaron un plan para lograr los fines de Dios por medios humanos (Génesis 16:1-2). Acordaron que Abraham tuviera relaciones con Agar y entonces fue concebido Ismael (vv.2-4). Un pecado llevó a otro y Sara comenzó a maltratar a Agar (vv.5-6).
Esta es la primera vez que Dios es llamado El Roí, el Dios que me ve (16:13). Es fácil sentir que has sido olvidado por Dios, particularmente en momentos en los que, al igual que Agar, recibes un trato injusto. Pero saber que Dios es el Dios que me ve puede ayudarte a vivir por fe. Él es un Dios que te encuentra en medio del desierto y te ve.
El Dios que te ve es un Dios de misericordia. El Nuevo Testamento sugiere que Dios pasa por alto el pecado de Sara y Abraham y solo recuerda su fe (Hebreos 11:11-12).
Dietrich Bonhoeffer lo expresó de este modo: «Por medio de la oración nos acercamos a nuestros enemigos, nos ponemos a su lado y le pedimos a Dios por su vida. […] Porque si oramos por ellos, asumimos su angustia y pobreza, su culpa y perdición sobre nosotros, y rogamos a Dios por ellos» (El costo del discipulado).

Por Nicky Gumbel

Nota de la R: Entre las definiciones de clemencia encontramos que es: una propensión a perdonar, la virtud que mitiga la dureza de la justicia, la compasión al aplicar un castigo. Y entre sus sinónimos tenemos la misericordia y compasión, pero tal vez el que más me motiva sea el de «bondad”. La misericordia es bondadosa, es amable, es benigna; y esto me refiere automáticamente a Gálatas 5:22 «los frutos del Espíritu” llevándome a considerar que no podremos experimentar un sano crecimiento en nuestras vidas sin reflejar esta condición de bondad, que contrasta fuertemente con la dureza de las vidas quebrantadas. 

Tal vez por esto mismo nos cuesta tanto recibir el perdón y misericordia de Dios, perdonarnos a nosotros y extender el perdón a otros. Nos cuesta entender que tal bondad que recibimos sin merecerla, debemos aplicarla a nuestras vidas rompiendo la dureza que aparentemente nos defendía (sin lograrlo claro), y darla a otros amablemente. Aquí entramos en lo que suelo llamar «la ley de la plataforma opuesta»: a la dureza e inflexibilidad con que nuestra historia y la vida nos revistieron, le responderemos con bondad, porque responder con dureza a la dureza, con más quebranto al quebranto se llama venganza. Una venganza que muchas veces ejercemos de maneras tan sutiles que pasan inadvertidas hasta para nosotros mismos, al responder desde el mismo lugar: dureza con dureza, inflexibilidad con inflexibilidad, herida con herida…

Cambiar de plataforma para responder es cumplir la forma de vida que el Maestro nos enseñó. La clemencia hace más sencillo el proceso del perdón y nos enseña a ser mejores personas, aprendiendo a ser ciudadanos de la eternidad que nos espera.

Nota de la R: por Edith Gero

Imagen de Schwoaze en Pixabay

Edith Gero es diseñadora gráfica, escritora, consejera bíblica y la creadora de Bahía Esperanza: un sitio amable donde romper el silencio y encontrar herramientas para la resolución de conflictos, más la motivación a un sano crecimiento diario.

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